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  • Pedro F.

Presidente de Ford y CEO de Chrysler, su astucia salvó de la bancarrota generando ganancias récord s

Actualizado: 16 de dic de 2019


Introducción: Lee Iacocca se unió a Ford Motor Company en 1946. Su título en ingeniería le permitió ingresar a la compañía pero se dio cuenta que su talento era más adecuado para vender automóviles que para fabricarlos. Cambió la ingeniería por el marketing donde pudo destacar y luego trabajó en el desarrollo de productos. Escaló de posiciones rápidamente convirtiéndose en Presidente de Ford en 1970 aunque Henry Ford II (nieto del fundador) lo despidió en 1978. Poco tiempo después fue contratado como CEO de Chrysler Corporation que se encontraba al borde la quiebra. En pocos años Lee Iacocca se convirtió en una celebridad nacional después de que Chrysler mostrara ganancias récord gracias a su brillante gestión. En su carrera de 32 años en Ford y luego en Chrysler, Iacocca ayudó a lanzar algunos de los vehículos más vendidos y más importantes de Detroit, incluyendo la minivan, los autos K de Chrysler y el Mustang. Lido Anthony Iacocca o simplemente, Lee Iacocca, nació el 15 de octubre de 1924 en Allentown, Pensilvania, Estados Unidos. Hijo de inmigrantes italianos, Antonietta y Nicola Iacocca, creció en un entorno confortable aprendiendo los detalles del negocio de su padre quien trabajaba como zapatero y además era dueño de un local de venta de hot dogs. Su padre le enseñó sobre la necesidad de mantener un impulso fuerte y una gran visión para construir un negocio próspero. Su padre también dirigió una de las primeras agencias de alquiler de autos en el país y le transmitió su amor por los automóviles a su hijo.

Cuando era muy joven sufrió de fiebre reumática, una enfermedad terrible que puede causar daño permanente al corazón y como resultado fue médicamente no apto para el servicio militar durante la Segunda Guerra Mundial. En ese tiempo asistió a la Universidad de Lehigh, Bethlehem, Pensilvania de donde salió con un título en ingeniería industrial. Luego obtuvo una maestría en ingeniería de la Universidad de Princeton en 1946.


Al salir de la universidad fue contratado como ingeniero por Ford Motor Company en 1946 para trabajar en su planta de River Rouge en Dearborn, Michigan. En ese momento el fundador de la compañía, Henry Ford, todavía estaba vivo. Iacocca rápidamente demostró que era más apto para las ventas y el marketing que para la ingeniería. En una ocasión, cuando su área tuvo las peores ventas en el país, se le ocurrió una campaña de marketing que llamó "56 para el 56": los compradores podían obtener un Ford 1956 con un 20% de descuento y tres años de cuotas mensuales de $56 dólares. El plan despegó como un cohete y el ejecutivo de Ford, Robert McNamara, (que más adelante se convertiría en secretario de defensa en la administración Kennedy), lo hizo parte de la estrategia nacional de ventas de Ford. En 1960, a los 36 años, se había convertido en Gerente General de la división Ford y vicepresidente de la compañía. La creciente influencia de Iacocca en la compañía fue acelerada por su exitosa promoción del Ford Mustang; un automóvil deportivo, elegante y asequible que salió al mercado en 1964. Logró convencer a sus superiores para producirlo y con el debut del Mustang, Iacocca tuvo su primer estallido de fama.

La compañía necesitaba un coupé asequible y elegante que logre captar el creciente mercado juvenil de aquel entonces. Junto con otros miembros de su personal, lanzó el legendario auto, que, gracias a su brillante estilo y comercialización, introdujo una nueva ola de autos deportivos. El Mustang fue desarrollado por un precio relativamente modesto, $75 millones de dólares y fue diseñado sobre el compacto Ford Falcon básico, revestido con un hermoso cuerpo de nariz larga y cola corta. Tenía fuertes connotaciones de sofisticación europea cuando la mayoría de los automóviles estadounidenses todavía eran grandes y aburridos. Además, estableció un récord de ventas en el primer año. Las ventas superaron con creces las expectativas de Iacocca y se tuvieron que construir dos plantas de ensamblaje del Mustang adicionales para satisfacer la demanda. Ya para los dos primeros años, el Mustang generó $1.100 millones en ganancias netas. Tiempo después apareció el Mercury Cougar y una gran cantidad de imitadores “autos pony” del rival de Ford, General Motors. Para el 2013, se habían vendido alrededor de 9 millones de Mustangs. Lee también se ganó una reputación como uno de los mejores vendedores en la historia de los Estados Unidos. De Iacocca, se ha dicho que siempre estaba vendiendo, ya sea productos, ideas, o él mismo. Finalmente fue nombrado presidente de Ford Mortor Company en 1970, pero su actitud temeraria y poco ortodoxa desencadenó un enfrentamiento con Henry Ford II, nieto del fundador y vástago de la familia Ford. Se dice que Henry Ford II nunca se cansó de decirle a Iacocca: "mi apellido está la parte delantera del edificio". La tensa relación entre los dos llevó a que Henry Ford II despida a Iacocca en 1978.

Pocos meses después de abandonar Ford, Iacocca fue contratado para dirigir Chrysler Corporation, que estaba en peligro de quiebra debido a las expansiones fallidas, la deuda (en 1979, Chrysler se hundía en una deuda de $5 mil millones de dólares), el aumento vertiginoso de los precios del combustible, la caída de las ventas y el aumento de la competencia internacional. Lee aceptó la presidencia de Chrysler, a pesar de que su cuota de mercado se estaba reduciendo y las pérdidas se estaban profundizando.

En 1979, Chrysler enfrentaba dos golpes drásticos: las tasas de interés y un segundo shock petrolero que duplicó el precio de la gasolina. Cuando la economía de EE.UU. cayó en recesión, las ventas en todos los fabricantes de automóviles se desplomaron. Iacocca buscó un socio de fusión, pero cuando no aparecieron interesados, recurrió al gobierno. Iacocca apeló al gobierno federal para obtener ayuda. Aunque su solicitud provocó un intenso debate sobre el papel del gobierno en una economía de mercado, el Congreso acordó garantizar $1.5 mil millones de dólares en préstamos si la compañía se comprometía a recaudar otros $2 mil millones por sí misma. En ese momento, era la mayor cantidad de asistencia gubernamental que una empresa privada había recibido del estado. Esto le dio a Iacocca el respiro que necesitaba para modernizar y agilizar las operaciones. Iacocca ganó las garantías de préstamos, pero exigieron grandes sacrificios, cierres de plantas, recortes salariales para trabajadores de fábricas y despidos de empleados de cuello blanco.

Comenzó a transformar el fabricante de automóviles número tres de los EE.UU. pasando de ser un generador de dinero lento en un negocio altamente rentable. Iacocca buscó nuevas fuentes de crédito y recortando operaciones, cerrando plantas y persuadiendo a los sindicatos para que aceptaran despidos y recortes salariales. Luego cambió el énfasis de la compañía a modelos de bajo consumo de combustible y emprendió una agresiva campaña publicitaria que incluía apariciones personales en comerciales de televisión. Puso su reputación personal en juego, y al final, teniendo en cuenta los puestos en Chrysler, sus concesionarios y proveedores, salvó más de 500,000 empleos. También se tomaron otras medidas, una de ellas fue la venta de unidades rentables como la división de tanques; e introduciendo productos oportunos. Además Chrysler dio la bienvenida, por primera vez en la historia corporativa de los Estados Unidos, a un presidente del sindicato en una junta directiva. A principios de la década de 1980, Chrysler lanzó el Chrysler K Platform y lo que más tarde se convertiría en su producto número en ventas: la revolucionaria Minivan y que además sentó las bases para el SUV. Así como el Mustang restableció el auto deportivo para Ford, la minivan sería amada por las familias americanas que necesitaban espacio y eficiencia lo cual revitalizó a Chrysler.


En 1981, Chrysler mostró una pequeña ganancia, en 1983 reembolsó sus préstamos gubernamentales (antes de lo previsto) y en 1984 anunció ganancias récord de más de $2.4 mil millones de dólares, (más que en sus sesenta años anteriores combinados), todo un récord para la corporación. En 1985 compró Gulf-stream Aerospace Corporation por $637 millones y EF Hutton Credit Corporation por $125 millones de dólares.

Iacocca había alcanzado el estatus de héroe popular y se ganó un lugar en la historia de los negocios. El Saturday Evening Post lo describió como "el símbolo sexual de América" y Reader's Digest como "la encarnación viviente del sueño americano". Una encuesta de 1985 de las preferencias presidenciales para 1988 mostró que el engreído de la industria automotriz quedó después de George Bush padre con solo tres puntos porcentuales (41 a 38 puntos) en las preferencias para posible presidente de los Estados Unidos. El éxito de Iacocca en Chrysler lo convirtió en una celebridad nacional. El presidente Ronald Reagan le pidió que ayudara a coordinar los esfuerzos de recaudación de fondos para la restauración de Ellis Island y la Estatua de la Libertad. Lee escribió 2 libros en esa década: autobiografía Iacocca se retiró de Chrysler en 1992. Luego pudo dedicar más tiempo a Iacocca Family Foundation, una organización benéfica que apoya la investigación de la diabetes (su primera esposa padeció diabetes y murió por complicaciones relacionadas con la enfermedad). Iacocca retomó su papel como lanzador de Chrysler en 2005, apareciendo en anuncios conJason Alexander y Snoop Dogg. La compensación de Iacocca por los comerciales fue enviada a su fundación. Después de una carrera de 32 años con Ford Motor Company , incluidos ocho años como presidente, Lee Iacocca diseñó uno de los mayores retornos de la historia empresarial en Chrysler Corporation. Su éxito, junto con apariciones en comerciales de televisión y su libro más vendido , lo convirtieron en uno de los empresarios más conocidos y admirados de la nación y nunca dejó de impulsar la industria automovilística de EE. UU. La leyenda del automóvil murió por complicaciones de la enfermedad que padecía, Parkinson, el 2 de julio del 2019 a la edad de 94 años. Su hija confirmó a The Washington Post que había muerto en su casa de Bel-Air en Los Ángeles, por complicaciones propias de su enfermedad.


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