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  • Pedro F.

Óscar Pierre, el ingeniero aeronáutico que a los 23 años renunció a su trabajo en Airbus para fundar


Introducción: Glovo es la app española fundada en 2015, en la que puedes pedir cualquier cosa que necesites ya que siempre habrá un “glover” dispuesto a entregártelo en cuestión de minutos. Glovo fue el sueño de un joven ingeniero catalán que, lejos de sentirse realizado con su trabajo en Airbus, decidió dar el salto y seguir los pasos de startups como Airbnb y Uber. Glovo se ha atrevido a llegar a lugares que ni Uber Eats se había animado a tocar primero, como Guatemala, Ucrania, Costa Rica o Georgia. Pero en Glovo no todo es color de rosas, la compañía se enfrenta a una fuerte polémica mediática (y a varios juicios) debido a las condiciones de sus “glovers” que ganan un mínimo de dinero por cada entrega, más una serie de variables, como por ejemplo el no pagarles algún tipo de seguro. Glovo se defiende afirmando: “Ellos son colaboradores con quienes no tenemos relación laboral alguna y eligen cuándo trabajar con nosotros y cuándo no. No les obligamos a hacer nada que no quieran hacer". Sin profundizar mucho en la polémica, conoceremos un poco más sobre la historia detrás del nacimiento de una de las Apps hispanas más disruptivas de los últimos tiempos, que 3 años después de su fundación, ya estaba presente en 20 países y más de 75 ciudades, que cuenta con más de 800 empleados fijos, 21,000 repartidores y más de 10,000 establecimientos asociados.

Óscar Pierre nació en Barcelona, España en 1992 y creció en una familia de emprendedores y empresarios, su abuelo era un hombre de negocios en la industria el textil, y su padre, Óscar Pierre, es un empresario, presidente y CEO de Aggity. A los 16 años, Pierre se escapó un verano con su pareja a hacer una ruta en bicicleta por Malaui. No pidió permiso a sus padres y de aquella anécdota fundó Zikkomo, una ONG destinada a ofrecer becas educativas a mujeres que tenían que abandonar sus estudios de forma prematura para dedicarse a tareas domésticas. Aquello duró un tiempo, levantó dinero montando torneos deportivos entre sus amigos, pero por falta de dedicación el emprendimiento quedó en el olvido. Empezó a estudiar Ingeniería Aeronáutica en la Universidad Politécnica de Barcelona. Se ganó una beca para terminar la carrera en Georgia Tech, Atlanta, Estados Unidos: “No me gustaba el sistema educativo y me fui a Atlanta a terminar la carrera.” – dice Óscar. Posteriormente empezó a trabajar en Airbus, el gigante aeroespacial europeo. Allí descubrió todo lo que no le gustaba de una empresa gigante y tradicional: "La gente se iba a casa a las 16:30, no había ningún tipo de motivación y, siendo una empresa tecnológica, el miedo a arriesgar era enorme. Los aviones de ahora siguen siendo básicamente lo mismo que lo que había hace 80 años. Y para presentar algo nuevo te la tienes que jugar a un producto que salga dentro de 20 años". “Descubrí que lo que realmente me interesaba era emprender”.

Óscar sintió que sería mejor salir de ahí y, en general, de cualquier lugar que supusiera trabajar con los esquemas de una empresa clásica. No obstante, según cuenta, a diferencia de muchos perfiles que se ven en el ecosistema startup, Pierre no se pasaba la vida pensando en qué gallina de los huevos de oro podía descubrir. Cuenta que la idea de Glovo surgió cuando hizo un viaje a San Francisco, Estados Unidos y vio que existía una cosa llamada Postmates lo que se podría catalogar como la inspiración de Glovo. En ese momento también era el boom de Uber y de AirBnb, empresas que habían creado un nuevo modelo de negocio al conectar a la gente directamente y sacar de plano a los intermediarios. Óscar pensó que era un modelo que podría cuajar en España.

Lo que vino después, Oscar lo relata como algo bastante sencillo de hacer (pero no lo es). Hizo su primer business plan en las oficinas de Airbus y buscó financiación en LinkedIn contactando perfiles de business angels. Al cabo de dos meses ya había levantado cerca de €100.000 euros. Pierre explica que a la mayoría de emprendedores les cuesta pasar esa etapa. Él considera que su secreto quizá no sea solo la suerte sino, como él asegura, no se inmuta por nada. Afirma que no es una persona emocional y sí metódica y disciplinada. En su caso, su filosofía es seguir adelante a pesar de todo “Nos espabilamos, buscamos otra alternativa y seguimos” – sentencia Óscar. Su idea convenció a algunos inversores entre los que se encontraba Sacha Michaud, cofundador de Glovo App. Con la inversión inicial de €100.000 euros en marzo de 2015 nacía oficialmente Glovo. "Si un business angel te da dinero es porque confía en la inversión, si te lo da tu padre es porque eres su hijo" – afirma Óscar. Crear una empresa de reparto y poner a cuatro personas a trabajar suena relativamente fácil, de hecho los fundadores de Glovo empezaron trabajando como repartidores también. Pagar materiales, marketing o crear una comunidad de afiliados y repartidores grande es lo caro y complejo. Sumando el hecho de las comisiones a los partners.

"Lo peligroso en estos modelos es cuando el crecimiento te genera más pérdidas, es decir, que cada servicio te supone un gasto. Y ese fue el problema de Take Eat Easy, que con comisiones de derribo intentaron llevarse todo el mercado." Glovo arrancó con nueve empleados y ha estado a punto de cerrar dos veces, también ha pasado por problemas con la distribución del accionariado, escalabilidad o mantener la visión global. Con 23 años Óscar tuvo que enfrentarse a su mayor terror: las rondas de financiación. “Es como salir cada noche a ligar, poniéndote guapo y estando en forma y no pillar. Que te digan que no todos los días”. "El desgaste emocional es brutal. Te vas a pedir dinero a Londres o a París, delante de auténticos tiburones, y les sigues pareciendo africano por venir de España, aunque luego vuelves a la oficina, ves a la gente entusiasmada y vuelves a cargarte de energías para ir a estrellarte contra el muro". Óscar sostiene que emprender es bonito y complicado a su vez. Probaron durante un año el modelo, las métricas eran malas, y estuvieron a punto de cerrar. Empezó a funcionar cuando introdujeron las tiendas en la app con entrega en 30 minutos. Después, el segundo punto de transición fue cuando notaron la oportunidad que había en la categoría de entrega de comida a domicilio. El reto más grande no fue la fundación de Glovo, sino mantenerla creciendo.

Con los años fueron ganando adeptos entre los inversores, que apostaron por la idea de Pierre. Glovo ha ido sumando distintas rondas de financiación a lo largo de los años, entre las que se destaca la de agosto de 2016 cuando consiguió una nueva ronda de financiación por €5 millones de euros. Con ese dinero continuó potenciando la app en las ciudades donde ya estaba implantada como Barcelona, Madrid, Valencia, París y Milán. Posteriormente consiguió inversiones de hasta €115 millones de euros, que emplearon en consolidar su expansión internacional y que elevaría la valoración de la app hasta los €300 millones de euros. Oscar aconseja a los emprendedores que construyan cosas que la gente quiera: “o es algo nuevo o mejoras mucho lo que tiene la gente y ves con cuidado de enamorarse de una idea; hay que ser ágiles, cambiar, adaptarse.”

En la actualidad son más de 400 los ingenieros contratados que implementan mejoras en la aplicación para ganar flexibilidad y rapidez ya que la base de Glovo es la economización del tiempo. En el 2017 cerró el ejercicio con más de €17 millones de euros en ingresos y con un volumen de pedidos de 30 millones. Para el 2018, 3 años después de su fundación, la aplicación de repartos ya estaba presente en 20 países y más de 75 ciudades, con más de 800 empleados fijos, 21.000 repartidores y más de 10.000 establecimientos asociados. Ese año Glovo cerró con una facturación de €80 millones de euros, €10 millones menos de lo planeado, "porque no tuvimos en cuenta que la gente pide menos cuando hace buen tiempo y porque en Sudamérica el tícket por encargo es un 60% menor de media que en Europa". En España cuatro de cada cinco pedidos son comida, mientras que en Suramérica son dos tercios. “En el 2018 corrimos mucho para ser los primeros en llegar a algunos países y fue un acierto, pero también implicó dedicar menos recursos a calidad y estrategia… Este año vamos a buscar países donde el modelo funciona, por ejemplo, lanzamos Ucrania y Georgia para probar, y están volando; para nosotros tiene más sentido explorar un Kazajistán que un Londres.” Dentro del modelo de negocio de Glovo, sus repartidores, “los glovers”, son una pieza clave. Ellos satisfacen los recados de los usuarios. Suelen trasladarse en bici o en moto y son autónomos que deciden cuándo trabajar, si aceptar o no un pedido y a cambio reciben una cantidad fija por cada entrega que hacen.

Con respecto a las críticas, cree que los problemas se dan en un “porcentaje minoritario”. Óscar reconoce que Glovo no ha venido a crear el dreamjob de nadie: "Pero también es verdad que mucha gente necesita ingresos secundarios o ganar dinero en periodos transitorios. En España, de media, un repartidor cobra € 5 euros por trayecto. Lo cierto es que la app para “gvers” se descarga cada día más, tenemos más de 10.000 de ellos y entiendo que de toda esa gente haya una minoría que no esté contenta". – Comenta Óscar. Pierre asegura que él y su equipo trabajan constantemente para estar en contacto con los glovers: "Les mandamos encuestas periódicamente y nos reunimos una vez al mes con ellos para escuchar sus problemáticas. Lo último que hemos implementado ha sido un sistema de valoración de restaurantes o establecimientos que no tratan bien a los glovers, y estamos comenzando a retirar nuestra colaboración con los peor valorados".

Pierre sabe que es una persona afortunada: "Nunca he pedido un euro a mi familia para mis proyectos personales. Pero claro que he vivido con mis padres hasta hace tres meses, he tenido la educación que he tenido y eso me ha dado oportunidades que no todo el mundo tiene". Óscar asegura que no sigue las típicas rutinas de los grandes CEOs de Silicon Valley. Asegura que duerme entre 6 y 7 horas, trabaja más de ocho ("trabajando 8 horas al día no llegas a ningún lado", dice), y hace deporte de vez en cuando, pero no todos los días. Le gusta montar bicicleta y el kitesurf, y cada cuatro semanas se escapa con su pareja fuera de la ciudad y no tiene grandes pretensiones materiales. “No soy de cosas, sino de experiencias”, afirma. "La visión de Glovo, al menos mientras yo siga aquí, nunca será la de optimizar beneficio. Estamos en el camino del break-even, pero para mí el tema es optimizar impacto. Más allá de hacer que en el futuro cientos de miles de personas puedan ganar dinero con nosotros, hay cosas sociales en las que podemos reinvertir.” “En dos años estaremos moviendo €2.000 millones de euros, imagínate lo que podemos hacer reinvirtiendo pequeños porcentajes de este volumen en temas sociales.” – sentencia Óscar.


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