Buscar
  • Pedro F.

Cornelius Vanderbilt, hombre de negocios que amasó una extraordinaria fortuna en el siglo XIX


El magnate naviero y ferroviario Cornelius Vanderbilt fue un multimillonario hecho a sí mismo que se convirtió en uno de los estadounidenses más ricos del siglo XIX. De niño, trabajó con su padre, quien operaba un bote que transportaba carga entre Staten Island, Nueva York, donde vivían y Manhattan. Después de trabajar como capitán de un barco de vapor, Vanderbilt comenzó a hacer negocios por sí mismo a fines de la década de 1820, finalmente se convirtió en uno de los operadores de barcos de vapor más grandes del país. Se ganó la reputación de ser ferozmente competitivo y despiadado. En la década de 1860, cambió su enfoque hacia la industria ferroviaria, donde construyó otro imperio y ayudó a hacer más eficiente el transporte ferroviario. Se estima que Cornelius Vanderbilt habría tenido una fortuna de más de $200 mil millones en dinero actual, mucho más de lo que posee el hombre más rico de la actualidad Jeff Bezos, el fundador de Amazon.

Descendiente de colonos holandeses que llegaron a Estados Unidos a mediados del siglo XVII. Se sabe poco de sus padres, pero sus antepasados vinieron de la ciudad de De Bilt, en la provincia de Utrecht en los Países Bajos. Su tatarabuelo fue Jan Aertsen, quien llegó a Nueva Holanda como trabajador contratado en 1650, en los primeros asentamientos holandeses.

Cornelius Vanderbilt nació el 27 de mayo de 1794 en el área de Port Richmond en Staten Island, Nueva York. Hijo de Cornelius y Phebe Hand Vanderbilt. A la edad de 11 años dejó la escuela para trabajar con su padre transportando carga y pasajeros entre Staten Island y Manhattan en su barco de vela de dos mástiles, un periauger. Entre los años 1805 y 1810, Cornelius trabajó brindando servicios de ferry. Cuando Vanderbilt cumplió 16 años, en 1810, compró su primer periauger con dinero prestado de sus padres. Utilizó el barco para transportar pasajeros entre Staten Island y Nueva York. Sus padres le proporcionaron el dinero pero con la condición de que compartiría las ganancias del negocio con ellos.

Hubo mucha competencia en el negocio de servicios de ferry, pero Vanderbilt compitió sobre la base de tarifas más bajas, pidiendo tan solo 18 centavos por viaje. Tuvo bastante éxito que pudo pagar pronto el préstamo de $100 dólares a sus padres. Luego, durante la guerra anglo-estadounidense de 1812, a la edad de 18 años, se le presentaron nuevas oportunidades de crecimiento. Los fuertes alrededor de la ciudad de Nueva York se expandieron y Vanderbilt obtuvo un contrato con el gobierno para suministrarlos. Amplió su operación a una pequeña flota, con la que suministró los puestos de avanzada.

El 19 de diciembre de 1813, para consternación de sus padres, Cornelius Vanderbilt se casó con su prima, Sophia Johnson. La pareja eventualmente tendría 13 hijos. Se dice que así como exitoso en los negocios, fue un terrible padre y esposo. Fue un misógino que habría querido más a tres de sus hijos varones y prestó poca atención a sus hijas y además se decía que engañaba a su esposa con prostitutas y con la institutriz de su propia familia.

En cuanto a sus negocios, entre 1814 y 1818 se expandió con goletas adicionales para servicios de carga y pasajeros. A través de un marketing agresivo, acuerdos astutos y subcotización de la competencia, rasgos que practicaría toda su vida con lo que ganó mucho dinero. Finalmente aprendió el arte de la construcción naval y la navegación en aguas abiertas. Al final de la guerra, había amasado una pequeña flota de barcos para pasajeros y carga de Boston a la Bahía de Delaware y un capital de trabajo de $10,000 dólares. Finalmente se le daría el apodo de "Comodoro". Pero en 1818 vendió todos sus barcos y se fue a trabajar para Thomas Gibbons como capitán de barco de vapor. Mientras trabajaba con Gibbons, Vanderbilt aprendió el negocio de los barcos de vapor y adquirió el capital que usaría en 1829 para iniciar su propia compañía de barcos de vapor.

Fue así entonces que Cornelius Vanderbilt se asoció con Thomas Gibbons. Aquí Vanderbilt aprendió cómo administrar una gran operación comercial. Gibbons transportaba clientes entre Nueva York y Nueva Jersey. En aquel momento esto era una clara violación de un monopolio sancionado por el estado. Vanderbilt y Gibbons contrataron a Daniel Webster para defender su posición. La Corte Suprema de los EE.UU. falló a favor de Gibbons.

La asociación Vanderbilt-Gibbons cobró solo una cuarta parte de las tarifas competitivas. Pronto se convirtió en el servicio de ferry dominante en la concurrida ruta Filadelfia-Ciudad de Nueva York. Durante el período de 1818-1829, la asociación hizo una fortuna. Después de que Thomas Gibbons muriera en 1826, Vanderbilt quería comprar la compañía, pero el hijo de Gibbons no quería vender. Vanderbilt compró varios barcos y estableció una línea de despachos, que recorría entre la ciudad de Nueva York y Filadelfia. A través de un marketing agresivo y tarifas bajas, Vanderbilt obligó al hijo de Gibbons a aceptar el trato en 1829.

Vanderbilt pronto se hizo conocido por su perspicacia para los negocios. Durante la década de 1830, construyó líneas navieras rentables en la región de Nueva York, como siempre, subcotizando las tarifas de los competidores y ofreciendo el mejor servicio. Los competidores lucharon y finalmente le pagaron para que llevara su negocio a otra parte. Luego cambió sus operaciones al río Hudson, enfrentándose cabeza a cabeza contra la Asociación de Barcos de Vapor del Río Hudson, otro monopolio. Aprovechando el lenguaje populista del presidente Andrew Jackson, llamó a su servicio "The People's Line", que ofrecía tarifas económicas para todos.

Vanderbilt ganó el control del tráfico en el río Hudson al reducir las tarifas y ofrecer un lujo sin precedentes en sus barcos. Sus competidores finalmente le pagaron generosamente a cambio del acuerdo de Vanderbilt para mover su operación. Astuto y agresivo, se convirtió en una fuerza dominante en la industria al participar en feroces guerras de tarifas con sus rivales (a lo largo de su vida, el enfoque despiadado de Vanderbilt para los negocios le haría ganar numerosos enemigos). Luego se concentró en la costa noreste, ofreciendo transporte desde Long Island hasta Providence y Boston. En 1846 el comodoro ya era un nuevo millonario.

Sin embargo la riqueza no compró el respeto hacia Vanderbilt. En la década de 1840, construyó una casa familiar grande pero modesta, en el actual Greenwich Village. Pero las élites de la ciudad tardaron en aceptarlo, considerándolo inculto y grosero. Se dice que su escritura era casi ilegible y que su gramática era atroz. Sin embargo, no le importaba. Despreciaba la ostentación, viviendo una vida relativamente simple y disciplinada con la que él estaba cómodo.

En 1851, Vanderbilt expandió su negocio de transporte de pasajeros desde la ciudad de Nueva York a San Francisco a través del istmo nicaragüense. Con la enorme demanda de pasajes a la costa oeste provocada por la fiebre del oro de 1849, la compañía resultó ser un gran éxito. Su ruta fue más rápida que una ruta establecida a través de Panamá, y mucho más rápida que la otra alternativa, alrededor del Cabo de Hornos en el extremo sur de América del Sur, lo que podría llevar meses. La nueva línea de Vanderbilt fue un éxito instantáneo, ganando más de $1 millón de dólares (aproximadamente $26 millones de dólares en el dinero de hoy) al año.

Para 1852, su competencia no lo soportó más y le ofreció $40,000 dólares al mes para abandonar sus operaciones. Aceptó y abandonó el negocio solo después de que sus competidores, a quienes casi había arruinado por completo, aceptaron el trato de $40,000 que más tarde se elevó a $56,000 dólares por mes.

No obstante, Vanderbilt también ha cometido grandes errores. Cerca de los 60 años, Vanderbilt compró un gran yate, que bautizó con el nombre de North Star y llevó a su familia en una gira por Europa, pero esto le costó caro. Durante su viaje, había dejado la administración del negocio a sus gerentes los cuales trataron de hacerse cargo del negocio de manera fraudulenta mientras él no estaba. Aunque no tuvieron éxito, su ausencia temporal resultó ser costosa, pero se recuperó rápidamente. Otro intento comercial no tan exitoso fue tratar de competir contra la línea de vapor británica Cunard, una línea subvencionada por el gobierno británico, en la ruta de servicio de pasajeros del Atlántico Norte. Esto también resultó ser un fracaso. Así que el viejo zorro descubrió que no todas sus empresas tenían éxito automáticamente. Para 1864, se había retirado del negocio de los vapores, habiendo acumulado casi $30 millones de dólares en riqueza.

Pero nunca fue suficiente para Vanderbilt. A la edad de 70 años, lejos de querer jubilarse, Vanderbilt dirigió su atención a la industria ferroviaria. Se dio cuenta que el gran crecimiento de la industria del transporte sería gracias al ferrocarril. Por aquel entonces el transporte ferroviario todavía estaba en su etapa inicial. Vanderbilt en lugar de construir nuevos ferrocarriles, tomó la ruta más fácil, la de comprar ferrocarriles existentes adquiriendo las líneas New York & Harlem y Hudson (que corrían a lo largo del Canal Erie), y luego compraría el ferrocarril Central de Nueva York.

Existe un pasaje crudo de su historia, en donde en un acto despiadado, durante un amargo invierno, cuando el canal de Erie estaba congelado, se negó a aceptar pasajeros o carga del Central, cortándoles así las conexiones con las ciudades occidentales. De esa forma lo obligó al Ferrocarril Central a capitular y vendió la participación a Vanderbilt; finalmente consolidó su control sobre el tráfico ferroviario desde la ciudad de Nueva York hasta Chicago.

Este nuevo conglomerado revolucionó las operaciones ferroviarias al estandarizar los procedimientos y horarios, aumentando la eficiencia y disminuyendo los tiempos de viaje y envío. Como lo había hecho con sus empresas de vapor, se centró en mejorar el servicio y en mejorar el equipo de capital manteniendo las tarifas bajas. Finalmente, fusionó todas sus adquisiciones iniciales en lo que se conoció posteriormente como el Ferrocarril Central de Nueva York. Vanderbilt fue la fuerza impulsora detrás de la construcción del Gran Depósito Central de Manhattan, que se inauguró en 1871. La estación finalmente fue demolida y reemplazada por la actual Terminal Central, que se inauguró en 1913.

Cuando Vanderbilt ordenó la construcción del Gran Depósito Central de Manhattan en la ciudad de Nueva York, dio trabajo a miles de personas que se habían quedado sin empleo durante el Pánico de 1873 (aunque sinceramente nunca estuvo interesado en la filantropía).

Cerca del final de su vida, Vanderbilt no tenía planes de pasar su fortuna a la caridad. Había vivido la mayor parte de su vida con relativa modestia, considerando su riqueza estratosférica. Su única extravagancia era comprar caballos de carrera. Pero en 1873, su segunda esposa, Frank 34 años menor que él, prima lejana e incluso menor que 7 de sus hijos, le presentó al Reverendo Holland Nimmons McTyeire, quien le pidió a Vanderbilt que lo ayudara a financiar una Universidad Metodista en Tennessee. Como ya se dijo en el párrafo anterior, Vanderbilt no se había involucrado en la filantropía hasta ese momento de su vida. A diferencia de los titanes de la Edad Dorada que lo siguieron, como el magnate del acero Andrew Carnegie (1835-1919) y el magnate petrolero John Rockefeller (1839-1937), Vanderbilt no era dueño de grandes casas ni cedía gran parte de su enorme riqueza a causas benéficas.

A través de la influencia de su segunda esposa, perpetuó su nombre con una donación. No obstante, las discusiones se prolongaron durante varios años y, en el momento de su muerte, Vanderbilt había prometido un regalo de aproximadamente $1 millón de dólares para lo que se convertiría en la Universidad de Vanderbilt. Un millón de dólares puede no parecer mucho dinero, pero en la década de 1870 lo era.

Ya para 1876 Cornelius Vanderbilt se encontraba enfermo y de acuerdo con su personalidad agresiva, fue un paciente horrible, que paraba enfurecido con sus médicos todo el día. En un momento dado dejó su lecho de muerte para dar conferencias a los reporteros que estaban vigilando fuera de su casa. Finalmente murió el 4 de enero de 1877 a los 82 años de edad, presumiblemente debido a complicaciones asociadas con trastornos intestinales, estomacales y cardíacos, que también pueden estar relacionados con la sífilis.

En su testamento, dejó $90 millones de dólares, la mayor parte de su patrimonio, a su hijo William Henry, quien trabajó en el negocio de su padre, y $ 7.5 millones a los cuatro hijos de William. Su otro hijo, Cornelius Jeremiah, recibió un fondo fiduciario de $200,000. Su esposa e hijas recibieron montos que oscilaban entre $200,000 a $500,000 y propiedades y acciones.

Hoy en día, se estima que Cornelius Vanderbilt habría valido más de $200 mil millones de dólares, si hubiera calculado su riqueza con el producto interno bruto de la nación en 1877. Esto lo convertiría en la segunda persona más rica de la historia de Estados Unidos, después del cofundador de Standard Oil, John D. Rockefeller.

Cornelius Vanderbilt era el hombre más rico de los Estados Unidos y probablemente el más grande de los barones del ferrocarril del siglo XIX. Anteriormente en su carrera de negocios, probablemente fue el mejor magnate naviero en los Estados Unidos. En 1999, Vanderbilt se convirtió en miembro del Salón de la Fama del Ferrocarril de América del Norte, por sus importantes contribuciones a la industria ferroviaria.


415 vistas

CONTÁCTENOS:

Calle Cantuarias N° 160 Oficina 901, Miraflores, Lima

(01) 640 1600 / (01) 490 2299 

support@newcapital-sec.com

  • Blanca Facebook Icono
  • Blanco Icono de YouTube
  • Blanco Icono LinkedIn
  • Blanco Icono de Instagram
  • Twitter Icono blanco

Secured By SSL

Copyright 2019, Todos los derechos reservados, NewCapital Securities