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  • Pedro F.

Carlos Ponzi, uno de los más grandes estafadores de la historia moderna


El joven migrante italiano que llegó a América con $2.50 dólares pero con la firme convicción de volverse rico. Eventualmente lo consiguió (a su manera). El esquema de estafa más conocido del mundo lleva su nombre, el “Esquema Ponzi”, con el que llevó a cabo un fraude financiero muy rentable y expansivo durante la década de los años 20’s. Encontró el camino para enriquecerse rápido usando un fallo caprichoso en el sistema postal de la época, logrando estafar a cientos de crédulos ofreciendo increíbles tasas de rentabilidad pero que en realidad lo único que hacía era pagar los intereses de los primeros inversionistas con dinero que entraba de los nuevos inversionistas.

Carlo Pietro Giovanni Guglielmo Tebaldo Ponzi, nació el 3 de Marzo de 1882 en Lugo, Italia. Hijo de Oreste Ponzi un humilde cartero; pasó sus primeros años de vida en Parma, Italia. En noviembre de 1903 a la edad de 21 años migró hacia los Estados Unidos con el único sueño de transformar su vida y llegar a convertirse en alguien importante desde el punto de vista social y económico. “Llegué a este país con $2.50 en efectivo y $1 millón en esperanzas y esas esperanzas nunca me abandonaron” – dijo alguna vez en una entrevista al New York Times.

Carlo siempre estuvo convencido que era alguien destinado a ser grande e importante, por tal motivo no descuidaba su forma de vestir. Él pensaba que para que el éxito llegue a uno, debía vestirse como alguien que ya disfruta de ese éxito aunque en realidad no tenga ni un céntimo. Él mismo comenta en su autobiografía: “lucía el aspecto de un millonario recién salido de la universidad”. Cuando llegó a los Estados Unidos tuvo que salir adelante como pudo y por medio de empleos que no necesariamente le permitirían vivir como el quería: camarero, lavaplatos, almacenero e incluso de intérprete de italiano. “trabajos que detesté y que me daban asco. Trabajos en donde me pagaban menos de lo que necesitaba pero más de lo que merecía”. Estos trabajos definitivamente no le iban a permitir financiar sus aspiraciones, entonces no tardó en sentirse atraído por procedimientos más rápidos para hacer dinero.

En 1907, se mudó a Montreal, donde encontró un trabajo como cajero en el Banco Zarossi. El banco se formó para atender a la nueva población de inmigrantes italianos, cobrando altas tasas de interés. Ponzi fue condenado a tres años en una prisión de Quebec después de que lo atraparan falsificando un cheque. En lugar de decirle a su madre en Italia que estaba en prisión, le escribió en una carta que estaba trabajando en una prisión canadiense. Cuando fue puesto en libertad, Ponzi se metió nuevamente en problemas, esta vez traficando a inmigrantes italianos a través de la frontera hacia los Estados Unidos. Esto también lo llevó a la cárcel.

Acumuló un gran historial delictivo, principalmente estafa. Logró descubrir que su carisma, labia y capacidad de convicción lo volvió un artista del engaño. Sin embargo, ya sobrepasaba los treinta años y Ponzi no había conseguido hacerse rico y estaba cansado de pasar gran parte de su vida en la cárcel. Se mudó a Boston decidido a sobrevivir con un trabajo honrado para evitar nuevos problemas con la autoridad.

A los 37 años de edad parecía ya tener pocas posibilidades de dar el gran salto de su vida. Se estableció en Boston queriendo convertirse en agente comisionado de comercio internacional, sin embargo fracasó estrepitosamente cuando se dio cuenta de que no tenía contactos. Una vez más, tuvo que resignarse y buscó un trabajo administrativo enviando circulares al extranjero para promocionar la venta de una guía de comercio internacional. Básicamente respondía las cartas que solicitaban un ejemplar y su rutina diaria resultaba bien simple: abrir un sobre, leerlo y responder. No obstante seguía pensando en una forma de enriquecerse sin tener que volver a prisión.

Naturalmente Carlo también recibía cartas de sus familiares en Italia, las leía y escribía de regreso. En ese entonces se utilizaban sellos de correo trasatlántico. Estos sellos resultaban caros para los europeos pero él si podía costearlos y en sus cartas de respuesta incluía un cupón de correo internacional emitido en Estados Unidos que en Europa se podía canjear por sellos italianos y así sus familiares podrían escribirle de vuelta. Carlo aún no lo sabía pero aquellos cupones le iban a servir para labrar su fortuna y su desgracia.

Se dice que la idea surgió cuando recibió una carta procedente de España escrita por una persona interesada en una guía de comercio internacional que Ponzi promocionaba. El cliente había incluido uno de aquellos sellos postales para facilitar el envío de regreso. Carlo notó que el cupón emitido en España era de 30 centavos de peseta. Realizó un cálculo y determinó que una peseta equivalía a 15 centavos de dólar. El cupón se podía canjear por el mismo valor en sellos en estos países pero resultaba más barato comprarlo en España. Pensó en cuánto podía ganar si revendía cupones españoles en Estados Unidos pero los cálculos le arrojaban una pequeña ganancia del 10%. No obstante se preocupó en buscar una moneda más depreciada, la lira italiana. Comprando cupones de Italia y revendiéndolos en Estados Unidos el beneficio ya no sería del 10%, sino que podría sobrepasar el 230% de la inversión inicial. Carlo acababa de encontrar el negocio de su vida.

Ponzi comenzó a buscar inversores para obtener ganancias mayores. A todos ellos les prometía rendimientos escandalosos del 50% en 45 días, o del 100% en 90 días. Ponzi pagó a estos inversionistas usando dinero de otros inversionistas, en lugar de obtener ganancias reales. En 1919, emocionado por las posibilidades que le podía brindar su gran idea, fundó su empresa llamada Securities Exchange Company. Sus primeros inversores fueron sus familiares y amigos de quienes reunió los primeros 150 dólares de capital. Compró cupones europeos y los puso a la venta en Estados Unidos y tal como lo había previsto la operación resultó exitosa y sus primeros inversores recuperaron su dinero con creces. Él bautizó a su mecanismo como “el plan Ponzi”. Sobre el papel todos ganaban y nadie perdía, el plan parecía perfecto gracias a la compraventa de cupones no obstante, su plan estaba condenado al fracaso.

Carlo, quién ya había americanizado su nombre y ahora era Charles, empezó a hacerse conocido por ofrecer rentabilidades que ninguna institución financiera podía superar. Se decía que quien ponía dinero en las manos de Charles Ponzi lo multiplicaba. Muchas personas reinvertían sus beneficios, el dinero comenzó a entrar de forma desmedida semana tras semana. Esto obligo a Charles a contratar trabajadores y abrir más oficinas. Toda clase de personas se subió al carro del milagro de Ponzi, desde personas que utilizaban los ahorros de sus vidas, hasta personas adineradas y conocedoras del mundo de los negocios que no tenía claro en qué consistía exactamente el negocio de Ponzi pero que nadie cuestionó.

En el transcurso de ocho meses, la empresa de Ponzi había dado una ganancia de $10 millones de dólares de la época. Ponzi y su personal recaudaban miles de dólares por semana. Los cajones del escritorio, los archivadores, el espacio de guardarropas y virtualmente cualquier área de almacenamiento adicional se llenaron con el efectivo de los inversores. El sueño de Charles de hacerse rico se estaba cumpliendo. Compró una mansión en Lexington, Massachusetts y según los informes llegó a facturar por $250,000 dólares por día. Miles de personas compraron los llamados pagarés de Ponzi a valores de $10 a $50,000 dólares. La inversión promedio se estimó en alrededor de $325 dólares. Todo iba de maravilla hasta que un día el sueño empezó a convertirse en pesadilla.

El negocio en arbitraje de cupones postales no era tan sólido como él decía. Lo que en realidad ocurría era que ingresaba tanto dinero de nuevos inversionistas, que él podía pagar las ganancias de los antiguos con el dinero fresco en efectivo que ingresaba. De hecho, muchas veces no tuvo que pagar a los antiguos inversionistas ya que muchos preferían reinvertir sus ganancias. El problema era que no existía una inversión real en marcha; la única actividad es el paso de dinero de los nuevos inversores a los antiguos.

Un día, un comerciante que le había vendido unos muebles tiempo atrás, vio como ahora aquella persona sin dinero para poder costearse unos muebles nuevos ahora era un conocido millonario mencionado por todos los periódicos. Le entabló una demanda a Ponzi pero claro, no le costó nada saldar esa pequeña deuda sin embargo, hay quienes empezaron a cuestionarse y les resultaba demasiado extraño que un individuo que hace menos de un año atrás no podía siquiera costearse un mueble y hoy esté viviendo en una mansión.

Personas conocedoras en finanzas empezaron a estudiar el negocio de Ponzi. Una de esas personas era Clarence Barron, propietario del Wall Street Journal y fundador de la revista financiera que lleva su nombre. Se dio cuenta que para que el esquena de cupones de Ponzi fuera realmente sostenible, Charles debía mover 160 millones de cupones para recaudar el efectivo necesario para su negocio. No obstante, en el mundo solo circulaban entre 27,000 y 30,000 cupones de respuesta postal. Las cosas empeoraron cuando el Servicio Postal de Estados Unidos informó que no había un gran flujo de cupones de un país al otro más que el habitual. Otro detalle que Ponzi tampoco había previsto era el transporte naval (el único disponible en la época) con el cual no podía garantizarse que los cupones llegasen siempre a tiempo ya que con frecuencia se producían retrasos en la entrega, con lo que los plazos de reparto de beneficios eran sobrepasados.

Además de eso, Barron notó que Ponzi le dijo a los periódicos que invirtió su propio efectivo en bienes raíces, acciones y bonos como cualquier inversionista normal. Barron señaló la pregunta obvia aquí: si Ponzi tuviera este esquema a prueba de fallas en el que pudiera obtener una ganancia del 50%, ¿Por qué estaba poniendo su propio dinero en instrumentos de inversión antiguos que le darían (tal vez) un retorno del 5%? Esas ciertamente no sonaban como las acciones de un genio financiero.

Las conclusiones de Barron se publicaron como noticias de primera plana en el Boston Post en julio de 1920, lo que habría sido condenatorio para la mayoría de los contras. Sin embargo, Ponzi era una fuerza de la naturaleza tan carismática que muchas personas optaron por no creer en el informe del periódico. Pocos creyeron que su héroe, el hombre que había "triplicado" sus ahorros era un fraude. De hecho, la mañana en que el Post publicó el informe de Barron, los inversores se alinearon alrededor de la cuadra fuera de su oficina en un intento de darle más dinero incluso después de que les informaron que habían sido estafados. Ponzi se jactó más tarde de eso. El día que se publicó el informe, había recaudado un millón de dólares en nuevas inversiones.

Luego, algunos inversores preocupados por las habladurías, comenzaron a indagar sobre los mecanismos con los que Securities Exchange Company hacía tanto dinero. Ponzi logró calmar a los más curiosos retornándoles sus beneficios de inmediato, pero los rumores son difíciles de extinguir, especialmente cuando el dinero de tanta gente estaba en juego. Su esquema andaría bien hasta que se quedara sin nuevos inversionistas y toda la casa de naipes se derrumba.

Charles se había dejado llevar por la avaricia e ignorante de las reglas básicas de las finanzas, había aceptado muchísimas más inversiones de las que podía satisfacer mediante la compraventa de cupones. Ponzi no había tenido en cuenta, detalles como el número potencial de cupones o que las autoridades habían limitado el tráfico internacional de aquellos cupones. El esquema de Ponzi comenzó a desmoronarse en agosto de 1920, cuando The Boston Post comenzó a investigar sus devoluciones. La investigación provocó una corrida en la compañía de Ponzi, con inversionistas tratando de sacar su dinero de ella.

Los reguladores allanaron la oficina de Ponzi y descubrieron que no tenía una gran cantidad de cupones de respuesta postal. Charles Ponzi fue arrestado el 12 de agosto de 1920, se enfrentó a graves cargos de fraude de correo; en total, el gobierno presentó 86 cargos contra él en dos acusaciones separadas. Ponzi se declaró culpable de uno de estos cargos a cambio de una leve sentencia de cinco años. Tras su liberación, Ponzi fue deportado a Italia y pasó el resto de su vida en la pobreza antes de morir 17 de enero de 1949 en Río de Janeiro, donde está enterrado en la tumba de un pobre.

Ponzi jugó su estafa a una escala tan grande, con tal talento, a la vista de los medios de comunicación y del mundo, que ganó un lugar prominente en la historia criminal. Algunos historiadores han descrito a Ponzi como "una celebridad". Aún en nuestros días escuchamos sobre “esquemas Ponzi” o “esquemas piramidales” con el que son llamados con más frecuencia.

*El libro: The Rise Of Mr Ponzi (2001)


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