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  • Pedro F.

Carlos Slim, el 7° hombre más rico del mundo, que construyó su fortuna a través de adquisiciones en


Hijo de inmigrantes libaneses, Slim posee la mayor empresa de telefonía celular de América Latina, América Móvil; pero también posee una serie de negocios que van desde finanzas, minería, bienes raíces, construcción, venta al por menor e industria pesada. A sus 78 años, todavía mantiene un rol activo en sus negocios. El mexicano promedio puede comprar casi cualquier cosa y estar enriqueciendo la fortuna de los Slim. El magnate mexicano pasó gran parte de su vida construyendo una cartera amplia y diversificada que ahora domina la economía mexicana. Actualmente Carlos Slim Helu y su familia están ubicados en el puesto 7 de los multimillonarios más ricos de todo el mundo con un patrimonio calculado en $67 mil millones de dólares según Forbes.

Carlos Slim Helú, nació el 28 de enero de 1940 en Ciudad de México, México. Hijo de inmigrantes libaneses, su padre, Khalil Salim Haddad Aglamaz, quien después de llegar a México cambió su nombre a Julián Slim Haddad, se mudó a México en 1902 huyendo del servicio militar obligatorio impuesto por el Imperio Otomano. Julián se casó con Linda Helú Atta que también tenía raíces libanesas. El padre de Carlos tuvo éxito en México haciendo varios negocios, le enseñó al pequeño a leer documentos financieros y a invertir. Slim asistió a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en donde estudió Ingeniería Civil y se graduó en 1961.

Su padre abrió una tienda en 1911, la cual creció rápidamente y años después, con los ingresos de la tienda, compraría propiedades inmobiliarias de primera calidad en la Ciudad de México durante la Revolución Mexicana de 1910-1917 a un precio sumamente bajo. Estas inversiones en bienes raíces, junto con su continuo éxito como minorista y mayorista, hicieron de Julián un hombre rico, con un patrimonio neto estimado en más de 1 millón de pesos.

Su padre le enseñó la importancia de la contabilidad, enseñándole a leer hojas de finanzas y llevar registros. A los 12 años, Carlos Slim hizo su primera compra de bonos del gobierno. En 1953, cuando Carlos tenía solo 13 años, su padre murió; después de esto el joven siguió trabajando para la compañía de su difunto padre, que en última instancia le sería heredada.

Mientras estudiaba ingeniería civil, Slim también se interesó en la economía y tomó una serie de cursos. Luego ingresó en el mundo de las finanzas y trabajó como comerciante de valores en la Ciudad de México. En 1965, a la edad de 25 años, su negocio le había reportado aproximadamente $400,000 dólares (más de $3 millones en dólares actuales). Usó el dinero para abrir su propia firma de corretaje, fundó su grupo financiero, Inbursa (Inversora Bursátil). Desde entonces se ha expandido logrando incluir a un banco y una compañía de seguros.

Slim aplica una estrategia que ha sido utilizada por muchos grandes hombres de negocios. Esta consiste en adquirir empresas en problemas y transformarlas en compañías multimillonarias antes de vender su participación con importantes ganancias. En particular, aprovechó la crisis de la deuda mexicana en 1982 para comprar muchas compañías golpeadas.

Slim ingresó por primera vez a la escena internacional en 1991 cuando apareció en la lista de multimillonarios de Forbes con un valor neto de $1,700 millones. En 1994, Slim abrió en la Ciudad de México el Museo Soumaya, un museo de arte sin fines de lucro de ingreso libre y que lleva el nombre de su difunta esposa, Soumaya. Alberga la mayor colección privada de Rodin en el mundo.

Slim es mejor conocido como fundador y presidente del conglomerado “Grupo Carso” y presidente de “Telmex”. La palabra “Carso” es el resultado de juntar los nombres de Carlos y Soumaya, su esposa con quién vivió durante 32 años hasta que ella falleció en 1999 a causa de una insuficiencia renal. En 1990 junto con unos socios extranjeros (France Télécom y Southwestern Bell Corporation), compró una participación de Telmex, la única compañía de telefonía en México. Telmex es ahora parte de América Móvil. El precio de compra fue de $1.8 mil millones, la mitad de los cuales fue respaldado por Grupo Carso. Carlos Slim estaba al frente de Grupo Carso y, como tal, se hizo cargo de Telmex.

Desde 2004, Slim ha renunciado a los consejos de administración de sus tres compañías más grandes para centrarse en la familia, la filantropía y su propia salud. Todos los lunes cena con sus hijos y sus cónyuges para hablar de negocios, y todos los miércoles almuerza con sus nietos.

En 2009 le prestó $250 millones de dólares al The New York Times a una tasa de interés del 14%. Slim vio el acuerdo como un negocio en vez de una incursión en los medios y ahora es el mayor accionista individual del famoso diario. Actualmente posee el 17% de The New York Times. Para el 2014, Carlos Slim seguía cosechando grandes recompensas del préstamo, tanto que estaba a punto de duplicar el monto del dinero prestado.

En 2010, Slim superó brevemente a Bill Gates como el hombre más rico del mundo; era la primera vez en 16 años que el hombre más rico del mundo no era de los Estados Unidos.

La presencia de Slim está en todo México. Se dice que prácticamente el alcance de su dominio es tan grande que el mexicano promedio se despertará sobre unas sábanas y una cama compradas en una tienda de Slim, comprará su pan de la mañana en una panadería de Slim, conducirá un automóvil asegurado por una de las aseguradoras de Slim y por si fuera poco, llamarán a sus amigos desde un celular con una red telefónica de propiedad de Slim.

A pesar de que es excesivamente rico, Slim no cree en el consumo conspicuo, no posee ningún yate, avión o isla privada. La mayor parte de su dinero se destina a inversiones adicionales en sus negocios o filantropía. En alguna oportunidad, Tim Padgett de la revista Times, dijo “Solo con mirarlo, uno no podría adivinar que es multimillonario”. De hecho, Slim siempre ha vivido en la misma casa desde hace 40 años. El hogar de su infancia y las oficinas de Telmex se encuentran en Lomas de Chapultepec, un barrio pequeño pero próspero en el distrito financiero de Ciudad de México. Sus críticos se quejan de que dirige monopolios, exprime la competencia y hace subir los precios; que se benefició desproporcionadamente de la privatización barata de las industrias estatales. Sus partidarios dicen que él es un hombre de negocios clásico pasado de moda con un ojo para una compañía infravalorada.

La fortuna de Slim se parece más a la de la antigua familia Rockefeller que la de Bill Gates. Es decir, en lugar de construir un imperio sobre algunas grandes innovaciones en un campo particular, lo hizo a través de agresivas adquisiciones. En México, muchos consideran a Slim un monopolista de las telecomunicaciones porque sus empresas tienen aproximadamente el 70% del mercado inalámbrico y una participación del 80% de las líneas fijas.

Por otro lado, él cree que el mejor camino para eliminar la pobreza es usar herramientas digitales para la educación. Aquí es donde entran en la figura Telmex, la Fundación Carlos Slim y la Fundación Telmex. En 2010, la Fundación Slim se asoció con la Fundación Bill & Melinda Gates y el gobierno de España en un programa de cinco años para mejorar la salud del 20% más pobre de la población en el sur de México y América Central, cada socio contribuyó con $50 millones de dólares. Con el Broad Institute of MIT & Harvard, la fundación de Slim comenzó a colaborar en 2010 en un estudio de tres años sobre las raíces genómicas del cáncer y la diabetes tipo 2 en poblaciones mexicanas y latinoamericanas; la Fundación Slim pagó $65 millones de dólares. El Instituto de Salud Carlos Slim ha gastado alrededor de $20 millones desde 2001 en trasplantes de órganos en México, una nación con una de las tasas más bajas en América Latina para donaciones de órganos. Su filantropía nació de una tragedia personal. La esposa de Slim, Soumaya, murió de una enfermedad renal después de recibir un trasplante de riñón y en 2008, a su hijo Patrick le diagnosticaron una enfermedad renal. Su hermano Carlos le dio uno de sus riñones. En otro caso, la hija de Slim, Vanessa, donó un riñón a su hermano Marco Antonio. La familia ahora hace campaña para la donación de órganos y ha financiado 7,100 trasplantes en la última década.


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